
DE LA CONTRAPORTADA:
Sí, es verdad: la historia se escribe de noche. Se escribe, se palpa, se llora o se canta de noche. Una prueba de ello es este disco, redondo pedazo de historia. Redondo y negro. Negro de noche. De las noches negras en que se lloró una historia negra. O de las noches negras en que se rió la víspera de una alborada blanca. Con sonrisas blancas. Que orlaron barbas negras.
Este disco tiene dos caras: una triste y otra alegre. Las dos mismas que tuvo un pueblo, el pueblo de Cuba, para afrontar dos opuestos períodos de su historia: uno aún reciente, ya ido —7 años de sangrienta dictadura—, otro actual —el embrión de mil siglos de libertad y justicia. De una u otra cara de este disco el afilado índice de la púa fonográfica puede escarbar años, días o minutos de esta historia —vivida de noche y escrita en canciones— que ardía en Cuba cuando tenía su cara triste. O cuando empezó a tener su cara alegre. Este disco, más que otra cosa, es la instantánea que captó aquella transición fulminante en que la sonrisa se prendió al rostro de Cuba con el primer latido de un nuevo año. Del año 1959, en que la tristeza huyó de Cuba para siempre.
Este disco tiene un alma, más que un autor: Carlos Puebla. Cuba, la triste y la alegre, aprovechó la fácil inspiración de este compositor criollo para que acunara su alma —su llorar contenido o su reír estentóreo—. Noche a noche, Carlos Puebla supo recoger el quedo lamento o la viva carcajada de su pueblo. Le llegaba, lo sentía, lo palpaba por su pétrea garganta de típicas callejas coloniales, que iba a susurrarle todo hasta allí, su acostumbrado refugio nocturno en "La Bodeguita del Medio" —un bohemio rincón cerca de la Plaza de la Catedral donde las canciones de Puebla sazonan tragos y bocados—. En la guitarra, las manos sorteaban con destreza las mil posibilidades de las cuerdas —estirados raíles de la inspiración—. Una canción nacía. Quedaba atrapado, en notas alegres o tristes, un grito de alma de pueblo. Del pueblo de Puebla. De Cuba.
Todo podía plasmarse en plástico. Y se hacía un disco. Es decir, se hacía más: un documento. Un pedazo de historia redondo y negro. Negro de noche. De esas noches en que solía escribirse la historia.
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