
PRESENTACIÓN DE VÍCTOR CASAUS:
A guitarra limpia continúa con este concierto de Ariel Díaz una vocación sostenida y hermosa: la de convocar en este patio del Centro Pablo a los trovadores y las trovadoras más jóvenes y ofrecerles los modestos pero cálidos recursos (y todos) con que contamos para que su voz, su canción, su poesía se realicen y se multipliquen.
Dos años y medio después de iniciado -- con sus casi treinta conciertos, sus más de veinte casetes producidos, su reciente, abarcadora multimedia -- A guitarra limpia nos hace comprender que la labor más útil y bella que hemos realizado en este Centro ha sido la de crear espacios culturales, con la ayuda de los propios creadores que se han reconocido y proyectado en ellos y de instituciones y amigos que han ofrecido su confianza y su apoyo.
Por eso resulta significativo que la palabra y la música de Ariel aparezcan acompañadas aquí por imágenes de arte digital las inquietantes imágenes de Eduardo Moltó -- y que juntas realicen en este sitio la maravilla de la creación y sus libertades.
Ariel ha confesado, en canciones y textos y ahora en el título de este concierto, la pertenencia que siente hacia este espacio cultural y hacia las maneras de realizarlo. A nosotros, que hemos apostado aquí a la poesía y a la ética, a la imaginación y a la belleza, nos alegra que las canciones de Ariel continúen enriqueciendo, desde su concierto personal, la memoria de A guitarra limpia. Porque en este trovador joven se unen, para su felicidad y la nuestra, la poesía y la reflexión, la sensibilidad y los compromisos de su generación con los tiempos que les ha tocado vivir. Quizás la mejor manera de hacer justicia a la expresión trovadoresca de Ariel Díaz sea decir y subrayar que su canción es sensible e inteligente y que esas dos características colocan a este creador en la vanguardia de las voces de su generación. Ariel escribe textos para armar las canciones que nos regala, pero esos textos podrían existir -existen- como poesía y resisten airosos el reto de la lectura solitaria y convocan al disfrute desde la aparente indefensión de la página impresa.
Participante de muchos conciertos colectivos -- como el memorable Cuerda joven, -- Ariel viene y se enfrenta hoy aquí al reto y la maravilla de este concierto en solitario, como ahora se dice. Pero es mentira. No hay trovador completamente solitario si está acompañado de la guitarra y sus adivinaciones. Y mucho menos si siente -- y sentimos con él -- que la canción y la poesía que une con la magia de su talento está en su casa.
Así lo recibimos, así queremos ser partícipes de su poesía y de su inteligencia. Así sea y así es.
Víctor Casaus
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