La brutal explotación de que históricamente han sido victimas los pueblos latinoamericanos, ha determinado que la enorme mayoría de nuestro continente viva en condiciones más que lamentables.
Aunque nuestras tierras son ricas y fértiles, al estar concentrada su propiedad en las manos de pequeños núcleos de latifundistas, ellas no producen de acuerdo a las necesidades de la gran masa latinoamericana. El campesino, trabajando de sol a sol apenas si alcanza a obtener lo necesario para su elemental subsistencia.
El trabajador de las minas aunque labora incansablemente para arrancar a la naturaleza sus riquezas, no logra a fin de cuentas, sino engrosar los bolsillos de las grandes compañías imperialistas.
El obrero de la industria dedicará sus mejores energías al desarrollo de la de por si limitada producción. Pero el producto de su trabajo le será enteramente ajeno y su esfuerzo productivo ira finalmente a parar a las insaciables arcas de las empresas extranjeras y sus aliados criollos.