Artículos El folclor sigue vigente en Latinoamérica

soledad pastorutti y mercedes sosa

Por Santiago Estrella Garcés
Fuente: elcomercio.com

El vacío que produce Mercedes Sosa “deja al país tan chiquito”, dice Luis Mactas, un periodista de Todo Noticias. Además de ella, que fue como la “madraza” de todos los cantores, al menos en Argentina, hay varios que seguirán su huella. Una de las más reconocidas es la ‘Sole’, Soledad Pastorutti. También están Los Nocheros o Luciano Pereyra, y otros.

Sin embargo, para hablar del ‘folclore’ (con la e pronunciada en Argentina) en cada país del continente siempre habrá que remontarse hasta mediados del siglo pasado, sin dejar de tomar en cuenta la región geográfica.

Si a un argentino le preguntan por el nombre de un folclorista, dirá sin duda Atahualpa Yupanqui y el Cuchi Leguizamón.

Lo mismo ocurrirá en Chile: la certeza es que se mencionará a Violeta Parra. Estos casos son quizá los referentes más importantes para la región entera.

La marca estaba en sus voces telúricas, en la dimensión poética de sus letras, en una fuerte dosis de compromiso social, y en las búsquedas musicales que fueron una renovación de ese mestizaje de los ritmos ancestrales con lo europeo y la africano.

Tanto Yupanqui como Parra se convirtieron en íconos que sembraron la semilla en otros músicos y cantantes que hasta hoy brindan ese retorno a lo popular.

Ellos fueron, por ejemplo, los ídolos de Mercedes Sosa cuando ella arrancaba su carrera a fines de los cincuenta en Mendoza.

“Todo el folclore va adquiriendo una dimensión importante cuando las migraciones del interior ocurrieron y vinieron con su música”, cuenta el músico argentino Norberto Manzano.

Varios de los grandes nombres que los sucedieron reconocerán en ellos la piedra fundamental, así como César Vallejo lo será en la poesía. Alfredo Zitarrosa, en Uruguay;Víctor Jara, en Chile, u Horacio Guarany, en Argentina, entre tantos otros de algún modo son sus hijos.

A finales de los cincuenta, en Mendoza, una agrupación cultural denominada del Nuevo Cancionero, con Mercedes Sosa, Óscar Matus y el poeta Armando Tejada, dio lugar a una nueva vía para el folclor. Ellos profundizaron aún más en su poesía y en el compromiso que influiría después en el continente como un movimiento conocido como la nueva canción latinoamericana.

Algo así ocurrió en Chile, en la década de los sesenta, cuando, orientados por Víctor Jara, de entre los estudiantes universitarios aparecieron Inti Illimani y Quilapayún. Estas dos agrupaciones, cuyo talento creativo podría no tener parangones, se caracterizaron también por una intensa militancia política que los llevó al exilio en Europa.

En los sesenta, en Argentina, ocurriría un fenómeno un poco distinto al caso chileno. Se popularizó mucho el folclor, y si bien hubo cantantes como Jorge Cafrune, otro comprometido con las causas populares, también hubo grupos como Los Chalchaleros. Según Manzano, eran “buenos intérpretes, pero como que dejaron las cosas tal como estaban, sin variaciones sin necesidad de heredar lo heredado”.

En Argentina, según cuenta Maryna, una profesora de literatura, amante del folclor, “los grupos universitarios no trascendieron, pero las peñas eran famosas antes de la dictadura y volvieron al regreso de la democracia; allá íbamos siempre a bailar, éramos jóvenes de poncho, de folclore y rock and roll que se callaron con los militares”.

Ahora, el folclor en Argentina es una cosa seria. Cada verano, el Festival Nacional de Cosquín reúne a miles de personas que, como si fuera un Woodstock, van a ver a los ídolos, y también para descubrir a las nuevas figuras. Pero este no es el único festival.

El interior entero del país tiene festivales y los recintos se llenan siempre.

En Buenos Aires, las peñas abundan tanto como las milongas, y los jóvenes bailan con precisión el chamamé correntino, la zamba (salteña o tucumana), la chacarera (Santiago del Estero), o el malambo (La Pampa).

El presente sigue siendo promisorio, aunque quedará el vacío que deja la voz de Mercedes Sosa. Hay músicos que siguen en la línea que heredaron sus mayores. Está Liliana Herrero, el Chango Spasiuk, Tarrago Ros, y, además, una familia de cuatro generaciones en Santiago del Estero: los Carabajal.

Y Soledad, Los Nocheros y Luciano Pereyra combinan los ritmos tradicionales con lo armónico. Creando su propio estilo, hoy artistas como ellos son los que más llenan los estadios en cada uno de sus recitales.

Al ver los graderíos con gente eufórica cantando se puede decir que en estas tierras el folclor está tan vivo como siempre.

 

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