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Frank Delgado

Fuente: El Diario del Centro del País

“La misma revolución no pudo satisfacer las expectativas de la gente que había creado, enseñado y cultivado intelectualmente”, disparó el cantautor Frank Delgado en la conferencia de prensa realizada ayer en el Hotel Howard Johnson.

El destacado músico cubano recibió a los medios locales un día antes del taller que brindará ante alumnos de la carrera de Música de la UNVM y previo al concierto que brindará mañana (hoy miércoles 28) a las 21 en el auditorio del Rectorado (Entre Ríos 1431), con su espectáculo “Los trovadores no saben na´ de la vida”. Junto a su conjunto plasmará temas propios y un set que compusiera con el grupo cubano Buena Fe.

Munido de una calidez y característica verborragia, Delgado respondió sobre su música (calificada como “alegre e irónica”) y la actualidad política de la isla, autodefiniéndose como “un disidente” que ama a Cuba y acuerda en parte con la revolución.

Este posicionamiento, de hecho, le ha jugado en contra: su último disco, editado junto al mencionado grupo, está censurado en las radios isleñas. “Tengo una reunión pendiente con el ministro de Cultura al respecto”, añadió.

Ante los medios y como universitario (es egresado en ingeniería hidráulica), el artista de la Novísima Trova se reconoció muy afecto a la órbita educativa superior: “Debo ser el trovador más viejo que actúa en peñas universitarias”. De hecho ha estado en Córdoba actuando junto al Dúo Coplanacu. Del mismo modo explicó su arribo al país, producto del proyecto cultural nacido en una reciente reunión de rectores argentinos y cubanos.

En su faceta musical, aclaró ser “de la calle” y no de la academia e indicó que prefiere letras y sonidos “de raíces, que hablen del lugar y que tengan sabor local”. “La música es un documento auténtico de cada país”, añadió.

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Silvio Rodriguez

Por Sergio Marelli
Fuente: Cubadebate

Silvio Rodríguez pertenece a esa estirpe de juglares para quienes la palabra es un ardiente oficio que combina la siembra con el vuelo, alguien que no está en los mercados grandes de la palabra pero dice lo suyo a tiempo y sonriente. Rabelais decía no ser lo suficientemente docto como para tomar la luna con sus dientes, pero Silvio, trovador errante, enciende las hogueras, convoca luciérnagas y sabe el nombre de la chispa que salta de la crepitación hacia la noche. Su sed no se entretiene fácil, no acepta la poesía rumiante que no altera la digestión del poeta; su poesía es la de los labios que se endurecen para decir bellas palabras. No cría una posteridad de versos según los últimos cánones en boga. Va hacia donde arde la lágrima para convencer que la risa aún es posible. Agrega su paso a los pasos de los que emprenden la larga marcha hacia sí mismos “armados de pecho hasta la frente”, como dijo Vallejo. Hace crecer el plumaje del fuego para espantar todos los fríos, hacer del desabrigo, amparo, y de las resecas manos un cántaro donde los solos sacian su antigua sed; a ellos, los condenados por su rebelión, da su canción de amigo. Sus canciones, aun las de más explícito contenido social, jamás le confieren el carácter de predicador político. Siempre está en la búsqueda de un humanismo sin mordazas, sabe que el alma no es un asunto de tinieblas sino puro y ardiente compromiso terrestre. No es un repetidor de consignas a destajo, un publicista de nobles propósitos, un corredor de ideologías a domicilio. Pero tampoco es un abonado a la podrida pureza del arte puro y su abstracta geometría de almas bellas. Es un revolucionario. Antena que recoge noticias de la magia que anuda las hebras de lo cotidiano. Camina con una brújula encantada siguiendo el ejemplo de los que entregaron a una causa generosa hasta la última gota de sangre, hasta el último hálito de su aliento, convencidos de que la justicia sobre la Tierra no caerá de la distraída mano de Dios, sino será hija de la lucha. A ellos canta desbordado. La historia no es una vía muerta donde se herrumbra el tren de los sueños, piensa Silvio Rodríguez, por eso desecha tentaciones al lado de las cuales, las ofrecidas por el Maligno en el desierto, no son sino inocentes pregones de feria. “Asiente y eres cuerdo, disiente y eres de inmediato peligroso, y quedas atado a una cadena”, escribió Emily Dickinson; por eso Silvio Rodríguez es peligroso para los que quieren cortar la libertad a la medida de su impotencia, ajenos al espíritu de la revolución cuya estatura crece, incesantemente joven, imposible de ser aplastada bajo la inmensa osamenta de la burocracia. “Siempre tendré un enemigo con el semblante arrugado y más cansado que yo. Los que a lo largo de su sombra quieren cortar la medida de toda revolución.” Y, en su último disco, pide: “Superen la erre de revolución. Restauren lo decrépito que veo, pero déjenme el brazo de Maceo y, para conducirlo, su razón.” Este poeta sigue mirando el horizonte con ojos heridos de soñar, dando voces de amor a cuatro vientos, buscando su unicornio azul, apurando las ruinas del infierno, y así seguirá hasta el fin de sus horas, hasta convertirse en una chispa transitoria disuelta en las remotas antífonas que saben las cigarras.

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Por Kaloian Santos Cabrera
Fuente: Juventud Rebelde

Desafiante se presentó en una audición para entrar al Movimiento de la Nueva Trova. Corría el año 1978 y tenía entonces solo 15 años. Santiago Feliú disparó Batalla sobre mí y Dime, dos temas de su autoría. Entre los miembros del jurado estaba Pablo Milanés y cuentan que, cuando el adolescente terminó, el ya consagrado bardo exclamó: «Ojalá alguna vez yo hiciera dos canciones como esas».

Y porque solo quería tocar la guitarra, escribir y cantar dejó la escuela en octavo grado. Quizá era algo irremediable pues desde los cinco años Santiago estaba «dándole a la guitarrita» y viendo a su hermano Vicente Feliú reunirse a cantar con Silvio Rodríguez y Noel Nicola.

Ahora, «cuarentonamente», el autor de Para Bárbara anda en busca de otra canción y se confiesa ser una «porfía en razón». Y lo es. Además, sigue «gago, zurdo y vago» y, para colmos, con orgullo y razón se autoproclama «la trova del rock and roll». Y hay mucho más, imposible de ceñir en un par de oraciones —como las anteriores— aunque yo me haya valido de desarmar la letra de su canción Sin tanta soledad para abrir así esta entrevista donde el trovador, gracias al auxilio de amigos mutuos como Humberto Manduley y Darsi Fernández, nos cuenta de su nuevo CD Ay, la vida, que llega casi una década después de Sin Julieta (2002).

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